En la tierra de Pelé, el turista entra en contacto con esta gran pasión nacional.

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Fue inventado en Inglaterra, pero fue Brasil que lo perfeccionó y lo transformó en arte, poesía. El fútbol está grabado en el ADN de los brasileños. Pelé, Garrincha, Rivelino, Jairzinho, Zico, Falcão, Sócrates, Rivaldo, Ronaldo, Ronaldinho, Neymar: el legado habla por sí mismo, incluso dejando afuera a muchos nombres. Son cinco títulos mundiales, todos después de que el Mundial de Fútbol volviera con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Quien llega al país sabe que el fútbol es fuerte aquí.

En Brasil, parece que todos los niños nacen con cierta aptitud en los pies para jugar con el balón. No es que otros países no tengan grandes atletas, pero es que el brasileño y el fútbol firmaron un matrimonio visceral. Producto de esta pasión es el Maracaná, estadio famoso de la ciudad de Rio de Janeiro. A pesar de que fue el escenario de una de las mayores decepciones en la historia del fútbol brasileño (la derrota frente a Uruguay en la final del Mundial de 1950), fueron las redes de los travesaños del Maraca (apodo cariñosamente consolidado) que amortiguaron el milésimo gol de Pelé, el rey fútbol para los brasileños.

Pero sólo el Maracaná nunca era suficiente para el brasileño. Era necesario construir un museo y preservar parte del patrimonio. Y así se hizo: el museo se encuentra en el Estádio do Pacaembu, en São Paulo. Experiencia superinteractiva, una visita al Museo del Fútbol le gustará hasta a los menos interesados en el deporte. Para acceder al lugar, sólo debe llegar a la Praça Charles Miller (Miller, dicho sea de paso, es nombre del brasileño, hijo de padre escocés y madre con ascendencia inglesa, considerado el "padre" del fútbol).

La Selección Brasileña generalmente se escribe en letras mayúsculas aquí. Los atletas que usan la legendaria camiseta amarilla llevan con ella toda la nación y el peso del honor de todos los que la usaron. Brasil ganó y encantó en los Mundiales de 1958, de 1962, de 1970, de 1994 y de 2002. En todos ellos, las verdaderas estrellas en la cancha acentuaron el nombre del país en el mapa y cumplieron la importante misión de llevar alegría al pueblo brasileño.

El turista apasionado por el deporte puede jugar al fútbol de playa en la misma playa o incluso ver un partido de los equipos regionales. Puede también visitar los hermosos estadios construidos para el Mundial de 2014. En Belo Horizonte, por ejemplo, el Mineirão lleva la tradición gastronómica de décadas. Desde hace más de 40 años, el Tropeirão do Mineirão (plato a base de arroz, frijoles tropeiros, chuleta de cerdo, repollo y huevo frito) está por encima de la rivalidad entre aficionados del Atlético Mineiro y del Cruzeiro, los dos principales clubes de la capital. Otros estadios del Mundial que también van a ser sedes de los juegos de fútbol de las Olimpíadas Río 2016 son: Mané Garrincha (Brasília), Arena da Amazônia (Manaus), Maracanã (Rio de Janeiro), Arena Fonte Nova (Salvador) e Itaquerão (São Paulo). ¡Vale la pena una visita!