No hay en el mundo un lugar más fascinante, increíble e importante que la selva amazónica.

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La amplia zona sudamericana es la selva más grande del mundo y es una de las regiones con más biodiversidad que se pueda imaginar. Una quinta parte de todas las especies de peces y pájaros ya registradas viven en la Amazonia. Visitar la región es una experiencia inolvidable, pero hay tanto por ver que suele ser difícil saber por dónde comenzar. Sin embargo, en el centro de la selva, la Reserva de Desarrollo Sostenible Mamirauá, cerca de la ciudad de Tefé, es el lugar perfecto no solamente para admirar la selva, pero también para aprender sobre naturaleza y sostenibilidad.

La Reserva Mamirauá tiene la más extensa superficie de pantanal, más grande que cualquier selva en el mundo, y el paisaje cambia drásticamente a lo largo del año. Cuando aumenta el nivel de las aguas de los ríos, resultado de la nieve que se derrite en los cerros Andinos, ubicados a miles de kilómetros de distancia, canoas son utilizadas para navegar a través de los árboles que se quedan parcialmente sumergidos. Cuando está bajo el nivel del agua (la diferencia de profundidad llega a 12 metros), las personas consiguen caminar por allí.

Todo en Mamirauá es concentrado en la naturaleza: la estructura turística, la vida de los habitantes y la economía local.

El turismo en la reserva es lo que se conoce como “turismo de base comunitaria”. En lugar de hacer sociedad con comunidades locales que se encuentran en necesidad, que muchas veces no resultan en beneficios duraderos para esas familias, el turismo de Mamirauá es completamente dirigido para el desarrollo sostenible de la región y de su pueblo. El mejor ejemplo puede ser comprobado en la Posada Uacari, un lugar muy hermoso con cabañas flotantes administrado conjuntamente por los investigadores del Instituto Mamirauá y por las comunidades ribereñas locales.

De acuerdo con Gustavo Pinto, que está involucrado en el turismo responsable de la Amazonia, la Reserva Mamirauá demuestra que “el turismo puede ayudar a mantener la biodiversidad de la reserva”. “Eso es lo que hace todo muy especial, es preservar el medio ambiente local y encontrar las mejores estrategias para hacerlo”, afirma Pinto.

Destinos de
de esta experiencia
Manaus
Día
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Día 1
Ve animales salvajes

“Si quieres ver animales, la reserva Mamirauá es para dónde debe irse”, explica Pinto. Los visitantes tienen la oportunidad de pasear por la selva en canoas y ver animales salvajes, entrando en contacto con los biólogos que siempre están en el local dispuestos a presentar sus proyectos de investigación sobre la fauna y la flora de la región, tales como el famoso jaguar de la Amazonia, la especie más grande de felino de las Américas.

Hay también una red de 13 senderos alrededor de la reserva, que tienen, aproximadamente, 3 kilómetros de extensión. Estos senderos pueden ser realizados en más o menos 3 horas por grupos que tengan como máximo 6 personas, y fueron montados en regiones estratégicas para facilitar la observación de los animales salvajes.

Es importante saber que no puede haber interacción con los animales en su hábitat, para no interferir en el ecosistema.

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Día 2
Ve las comunidades locales

Los guías y la mayor parte del equipo de la reserva son oriundas de las 10 comunidades ribereñas de la región. Ellos no son solamente funcionarios del proyecto, pero también administradores. Hasta el 2022, la dirección de la reserva debe pasar completamente a las comunidades, que continúan practicando sus actividades tradicionales, como la pesca.

En el comienzo del 2018, la reserva fue finalista del premio Tourism for Tomorrow (Turismo del Mañana) concedido por el World of Travel and Tourism Council (Consejo Mundial de Viaje y Turismo), que lleva en consideración las actitudes para la preservación de la herencia cultural y biodiversidad natural de la región.

Los visitantes tendrán la oportunidad de establecer contacto con las comunidades ribereñas y con las personas nativas del local, donde podrán ser invitados para conocer sus villas y aprender sobre sus modos de vida.

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Día 3
Paseo en canoa

“Cuando se bajan las aguas del río, es un momento excelente para ver los animales acuáticos, tales como los delfines rosados, cocodrilos y pirarucus”. El pirarucú es uno de los peces más emblemáticos de la región amazónica, y uno de los más grandes peces de agua dulce del mundo, estando muy presente en la gastronomía amazonense.

El pirarucú es la prueba viva de como el turismo de base comunitaria representó una revolución para la región. En el comienzo de los años 1990, cuando se creó la reserva, ese tipo de pez estaba en peligro de extinción, ya que era una de las principales fuentes de ingresos para los habitantes –que lo pescaban durante todo el año. Como el turismo se convirtió en la principal fuerza económica, el pirarucú ahora es asociado con los paisajes.

El pirarucú es un pez que tiene entre 2 y 4 metros de largo y respira aire, entonces los visitantes de la reserva Mamirauá lo podrán observar muchas veces salir del agua en búsqueda de aire.

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